Terminal de Autobuses - Estación del Sur
El transito de gente que pasaba por la sala de espera de la estación de autobuses comenzó a amainar pasadas las 23:30 de la noche. Fuera de la estación el cielo está cubierto completamente por nubes negras de tormenta, una ligera brisa de verano azota los cristales dejando pasar y deslizarse pequeñas gotas de lluvia. El número de autobuses nocturnos era mucho menor que los que partían de la estación de día, el bullicio tornaba a silencio, los pasajeros cansados echados sobre los asientos reposaban sobre las maletas cerradas mirando con recelo el reloj. La interminable espera de los autobuses se hacia mayor escuchando los repentinos golpes de megafonía dictando con una aguda y poco femenina voz las llegadas de los autobuses internacionales a las dársenas 34 y 35 las más alejadas desde las escaleras mecánicas donde se encontraba el acceso a la planta superior. Donde dormitando se encontraban los próximos pasajeros.
El ruido de una Coca Cola al salir de la maquina de refrescos más cercana despierta al niño que acurrucado sobre su padre, quien parece telefonear a un número apagado o fuera de cobertura.
- Papá... ¿Cuando va a llegar mami?
- No lo se hijo, parece que el autobús se esta retrasando.
Los paneles de llegadas muestran como los autobuses llegan cada hora, puntuales salvo el procedente de Marruecos. El reloj marca las 2:13 de la madrugada y en la estación se encuentra abierta nada más que la cafetería. A esas horas la estación subterránea de metro Méndez Alvaro esta completamente cerrada, el último tren que recorrió la linea 6 salió hace más de media hora. Así mismo igual pasa con el tren de cercanías y los autobuses urbanos. La única manera de ir de la estación a cualquier otro sitio era en coche o taxi. Y así lo sabían el muchacho y su padre esperando a que llegase el autobús de la madre.
No eran los únicos que esperaban 4 o 5 personas más recorrían la sala de espera mirando continuamente los carteles, sin contar las decenas de personas que dormían con un ojo abierto esperando que llegase su hora, vigilando el equipaje. El traqueteo de las las ruedas de las maletas al pasar de baldosa en baldosa y el chirrido de las ruedas de los carros cargados de equipajes que se movían de un lado a otro bajando a la planta de facturación antes de partir en los últimos autobuses de la noche.
Un aviso por megafonía interrumpe la espera de la sala, llamando la atención de los pasajeros y molestando a los que intentan dormir.
- EL AUTOBUS PROCEDENTE DE MARRUECOS CON DESTINO MADRID EFECTUARÁ SU LLEGADA DE FORMA INMEDIATA.
El viaje en el autobús a Marruecos era duro, eran casi un total de 22 horas alternando el viaje con el trayecto en barco cruzando el estrecho, pero era la única manera que tenia Sarah, de ver a su familia y llevarles dinero al menos 2 veces al año. La situación economía de la familia nunca había sido favorable, y la única manera de subsistir a parte de los negocios de compra y venta de objetos de segunda mano que tenían en la ciudad de Casablanca, y con el duro trabajo de Sarah en Madrid. Aunque últimamente la situación en España tampoco había sido demasiado buena, Sarah y su marido Amîr se tenían el uno al otro, y al pequeño Said que ya era todo un hombrecito, con 11 años recién cumplidos. Todos los esfuerzos merecían la pena, y el pasar un mes al año alejado de su pequeño, algún día dará sus frutos. El pequeño Said algún día llegará a médico como su difunto abuelo, y la familia podrá volver a juntarse como antes, en Madrid o Casablanca, eso era lo de menos. Sarah sabia que su marido le estaría esperando, deseoso de volver a verla. Guardaba celosamente en su bolso un regalo para el pequeño Said, ya que había cumplido años en ausencia de su madre, un niño de 11 años necesita tener a su madre el día de su cumpleaños, el teléfono móvil no es suficiente cuando tu hijo esta en otro continente. Junto al regalo guardaba muchos caramelos que la abuela de Said había dado a Sarah para animarle desde allí.
Amîr vuelve a despertar a su hijo cogiéndolo en brazos y al mismo tiempo las personas que impacientes recorrían la sala, bajan por las escaleras mecánicas hasta las últimas dársenas.
- ¿Ya ha llegado mamá?
- Si cariño, vamos ven, sube y vamos a verla.
El padre baja con el niño en sus brazos después de 45 minutos de demora, el bus estaba llegando a su destino, con Sarah a bordo, su equipaje repleto de ropa y el regalo para su hijo. Era una sorpresa que solo sabían los padres de Said, y que habían guardado en secreto para cuando llegasen a casa los tres juntos.
Un estruendo sonido de chapa raspando por las paredes del túnel precede a la aparición del autobús ante las atónitas miradas de todos las personas que se encontraban en la planta de abajo. Con una trayectoria tambaleante que da volantazos para mantener el eje recto hasta llegar a la dársena, lo cual se ve imposibilitado por las dotes del conductor, estrellándose contra otro autobús de la misma flota, este apartado. Un impacto seco dejando hundido por la mitad el otro vehículo y abollando completamente la cabina del conductor del que provenía de Marruecos.
Los ojos de Amîr recorrían ventana tras ventana del vehículo, todas tenían las cortinas empapadas en sangre y echadas , y no se podía ver nada a través de ellas. Solo manchas de sangre en forma de manos corridas que por dentro manchaban los cristales. Es accidente del vehículo arremolinó un amplio grupo de gente, desde los empleados de la cafetería, los bedeles, y los conductores que se encontraban cerca ante la sorpresa del impacto.
- ¡Mamá! -sollozaba Said entre los brazos de su padre.
- ¡Que alguien me ayude a abrir la puerta! -grita un autobusero mientras golpea la puerta.
Amîr sin pensárselo dos veces deja a Said en un banco para que se calme.
- No pasa nada cariño, mama esta bien. -susurra al oído mientras le acaricia el pelo.
- ¡Usted! ¡Ayúdeme vamos! ¿Qué hace ahí parado? -grita el conductor refiriéndose a Amîr.
- Así no conseguirá nada, necesita algo mas contundente.
El grupo de personas inmóviles ante la brutal colisión comienzan a buscar ayuda; una saca un teléfono móvil para grabarlo todo, otra llama a una ambulancia y a la policía. Amîr ante un ataque de rabia e impotencia empuña una papelera desprendiéndola a golpes del suelo, con la que consigue hacer mella en la puerta del autobús dejando un pequeño hueco en la chapa por el que poder meter una barra metálica y hacer palanca para abrir el vehículo. Una fría mirada se dirige desde el autobusero a los hombres que en la puerta están forzándola para sacarlos, entre gritos y bruscos movimientos, el cuerpo del autobusero atascado entre el asiento y parte de la cabina desprendida del accidente le impiden salir. Agitando violentamente los brazos.
- ¡No entréis! ¡Está loca, loca! Socorro, estoy atrapado.
- Espere, ya esta casi abierto.
La puerta cede por completo dejando libre la salida del autobús, justo en el momento en lo que parece una mujer ensangrentada quiebra el cuello del conductor atrapado hacia atrás dejándole en una postura imposible mientras comienza a clavarle las uñas en la cabeza y en el pecho mordiéndole la yugular y desangrándole en un despiece de mordiscos, los gritos ahogados en sangre hacen retroceder al otro conductor y a Amîr. La figura de la mujer vuelve a la parte trasera el autobús a continuar con su matanza.
- Llamen a la policía. ¡Joder! Hay una psicópata a bordo -grita un hombre desde la puerta
- No mi mujer está ahí dentro. ¡Aparta! -insiste Amîr.
- La mía también.
- Mi familia está ahí.
- ¡Joder abran!
Personal de seguridad acceden a la planta corriendo, armados con porras, apartando a curiosos y civiles, por orden del departamento de seguridad, acordonando el autobús. Uno de ellos, el más grande, casi 2 metros de altura y los brazos musculosos marcados en el uniforme, coge la porra de su compañero, cruzándolas como unas tijeras, entrando con una arrolladora seguridad en el autobús.
- Aparta, voy a coger a esa zorra y a sacarla a patadas -fanfarronea el guardia mientras entra.
- Boris ten cuidado, no querrás otra reducción de sueldo.
- Calla, aparta y comprate un par de cojones -continua fanfarroneando.
- Ten cuidado.
En una incursión mas brusca que táctica el Boris el vigilante de seguridad entra en el denso ambiente de caos y putrefacción del autobús. A izquierda y derecha, gente encogida y asustada, le miran ensangrentados. Delirando y tiritando, arropados y protegidos con sus pertenencias, llorando de miedo, gritando de pánico, mujeres, hombres y niños sentados en sus asientos o debajo de ellos, tratando de esconderse de la mujer homicida. Un charco rojo empapa la bota del vigilante, que empana desde el cuerpo ya cadáver del conductor degollado. Avanzando poco a poco por el pasillo, mirando a izquierda y derecha, sin ver donde se encuentra la mujer. Le tiemblan las manos, gotas de sudor se deslizan por la frente haciendo que le sea inevitable bajar la guardia para limpiarse el sudor con la manga, la tensión palpita a cada latido. Un grito se escucha al fondo del vehículo, corriendo el vigilante atraviesa las filas de asientos para asomarse a ver lo ocurrido.
Otro cadáver de mujer, esta vez mas joven, el de una adolescente cae al cuelo completamente pálida y desfigurada. Al levantar la vista del cadáver, ahí lo vé. La mirada inyectada en sangre, con los ojos desorbitados con la mandíbula completamente abierta y las comisuras de los labios desgarradas, la pupilas completamente dilatadas como si hubiese estado expuesta a una oscuridad antinatural, similar al rastro que dejan los efectos de las drogas, En estado de éxtasis y una putrefacción corporal que envolvía enteramente el ambiente en el que Boris se había metido. El vigilante titubeó el ataque y retrocedió un par de pasos, eso no era humano.
- ¡Pero que coño eres tu?
- …
- Puto engendro yo me largo.
- ¿Eh Boris estas bien? -Se oye en el silencio al otro lado del cristal.
- ¡No joder!, esta zorra es un monstruo.
Casi al terminar de pronunciar su última palabra, se abalanza sobre el vigilante en un intento por morderle con la mandíbula completamente abierta mostrando todos sus dientes y el cuello estirado, en un salto con la torpe agilidad a la desesperada, para morderle la cara. Un brusco movimiento instintivo a modo de contra ataque con las dos porras cruzadas como si de una tijera se tratase, agarra por el pescuezo al engendro y lo lanza con una brutalidad que dista mucho de rozar la legalidad contra la puerta al otro lado del pasillo. El engendro en forma de mujer se levanta a cuatro patas levanta la cabeza y le mira fijamente antes de salir del autobús y abalanzarse de nuevo, contra una nueva victima. Uno de los vigilantes que estaban custodiando la puerta se ve en el suelo, en un pestañeo atrapado por el engendro, devorado por su inaguantable hedor, encima suyo. Completamente inmóvil, nota como desde el hombro hasta el cuello, la irritación de los dientes de su ejecutor desgarra poco a poco la carne de su cuerpo.
Sus compañeros perplejos de la situación actúan quitándoselo de encima, a golpes, agarrándolo, pero este consigue llevarse parte del musculo del hombro.
- Esa puta cosa me a arrancado el cuello ¡Haced algo! -gritó desesperado mientras la cosa huía.
Buscando una nueva victima echó a correr para saltar sobre Amîr, pero este viendo lo ocurrido volvió a utilizar la papelera arrancada como arma, golpeando al engendro en la cabeza aturdiéndolo por unos segundos. Amîr escupió sobre el engendro con todo el desprecio y la furia que le corroían por dentro.
- ¡Papá! Cuidado
- ¡Said! Quédate ahí sentado.
A Said le colgaban los pies del banco y saltó para proteger a su padre, pero al ver a la criatura en el suelo echada, decidió que era mejor quedarse quieto, el miedo le corría por las venas, la criatura le miró con los ojos con los que un depredador fija la mirada en su futura presa y arrastrándose poco a poco, como si le dijese, tu eres el siguiente. Esos segundos en los que para Said pareció que se paro el tiempo, viendo que el seria el siguiente. Segundos en los que el vigilante Boris salio de un salto del autobús para caer sobre la columna vertebral de la criatura con las dos rodillas, partiéndosela por la mitad. Y aplastando su cabeza con las dos porras. El engendro quedó paralizado pero no muerto. Todos los vigilantes se miraban ente ellos atónitos.
- ¡Pero que has hecho Boris! Esto te puede costar la cárcel.
- No has visto a esa hija de puta lo que le ha echo a Juanjo. ¡Le ha arrancado medio cuello!
- Se lo tendrás que explicar todo a la policía, ya tienes diversos antecedentes.
- Sucio cobarde, esta mierda no es humana. -grito Boris mientras propinaba una patada a la criatura
Ruido de sirenas entra por los túneles de acceso de los autobuses a las dársenas, un pequeño despliegue policial y cinco ambulancias taponan el tráfico de la planta. Pero Said no estaba atento a las sirenas ni al despliegue policial, el centraba su atención del bolso que colgaba del cuerpo masacrado de la criatura, el bolso de su madre, inconfundible para él, vérselo puesto a esa criatura le propinó un revés de tensión a tu pequeño corazón. ¿Su madre estará bien? ¿Estará dentro? ¿Qué es esa cosa? ¿Habrá más?
Mientras todo el mundo atento a como las ambulancias comenzaban a entrar de dos en dos en la estación y con la tormenta que con un rayo se desató empapando parte del asfalto de la planta semi-cubierta de la estación, fue el momento perfecto para la huida del autobús de una segunda criatura, que pasó desapercibida para todo el mundo, salvo para Said, el niño que miraba el bolso de su madre.
- ¡Papá! ¡Papá! Hay otra de esas cosas
Los heridos comenzaban a salir del autobús por sus propios medios, entre ellos la madre de Said, Sarah. El que no estaba mal herido con marcas de cuñas y dientes, tenia contusiones por el accidente, y el duro impacto contra el asiento delantero o las barras metálicas que separan los asientos del suelo. Varios cadáveres en el suelo del autobús se desangraban dejando un charco que al salir por la puerta se entremezclaban con la lluvia de la tormenta, fundiéndose con el hedor del ambiente.